TESTIMONIOS

Vergüenza, inseguridad, dependencia, obsesión, complejo, inferioridad, pesimismo, introversión, tristeza, miedo, desconfianza...

Eran aspectos de mi manera de hacer y ser; aspectos que juntos formaban mi personalidad. La manera de ser de una adolescente que tenía un gran complejo, en definitiva, vivía o me veía obligada a vivir, obsesionada y amargada con mi propia imagen. Cuántas veces había oído decir y me había repetido a mí misma: en la vida lo más importante es aquello que llevas dentro del corazón; los sentimientos son los que cuentan. Los pensadores y creadores de esta frase tan popular no tuvieron en cuenta, sin embargo, que la personalidad se forma y va fuertemente vinculada con la manera de sentir y valorarse uno mismo y su propia imagen. Los otros también tienen un papel importante: hay gente cruel con los sentimientos de los otros y se burlan de aquello que a ti te preocupa y te angustia.
Vivía fuertemente "deprimida" con mi manera de ser: tenía un aspecto que no me permitía expresarme tal como yo era.
Mi vida cambió completamente hará un año: la solución la encontré en manos del Dr. Romaní.
Un gran médico, todo un profesional que me enseñó que no tenía que aprender a vivir con la inseguridad, sino que todo eso podía cambiar; podía ayudarme a recuperar las ganas de vivir. Mi vida cambió entre sedantes y bisturí. Cambiaría una pequeña parte de mi cara. Según él: "se me arreglaría un poco mi naricita".
Parece extraño como una pequeña cosa que, para muchos, quizás os parecerá insignificante y superficial, puede hacer cambiar mi camino y dar un giro cumpleto a mí vida.

Alegría, seguridad, independencia, autonomía, igualdad, optimismo, extroversión, seguridad en mí misma, alegría, energía, confianza, desinhibición...

Eso es lo que ha conseguido el, Dr. Romaní, por medio de un trato de comprensión, seguridad, igualdad, de respeto, diálogo, de expresión de emociones y sentimientos...

GRACIAS POR SUS SERVICIOS
NUNCA OLVIDARÉ LA SUERTE QUE ME HA DADO.
Espero que la suerte siempre le acompañe.

 

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Yo era una actriz encasillada siempre en los papeles de mala, ya que mi nariz era bastante prominente y agresiva. Desde que el Dr. Romaní me operó mi registro se ha abierto en un abanico de posibilidades y tanto puedo hacer un papel de dulce como de amargada, de mayor y de joven... Estoy feliz con mi nariz "versátil".

 

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Mis padres no querían que me operara las orejas, que eran bastante prominentes, ya que decían que era correr un riesgo innecesario y que ellos me encontraban muy guapa. Tuve que esperar a mis 65 años, cuando mis padres murieron, para que el Dr. Romaní me pudiera sacar el complejo que arrastraba.